En la
inédita sorpresa del devenir de la vida,
lo inédito
se transforma
en el regalo
que tiene el gusto de una fruta,
un elixir o
una rosa.
Esto es
hacer frente
a la
incertidumbre del camino,
de los
pasos, y renegar de la certidumbre
de la muerte
y vencerla de placer
y de tiempo,
de lagrimas y risas,
de heridas
que nos hacen sentir vivos,
de amor que
nos hacen ser eternos.




