LA INCERTIDUMBRE

En la inédita sorpresa del devenir de la vida,
lo inédito se transforma
en el regalo que tiene el gusto de una fruta,
un elixir o una rosa.

Esto es hacer frente
a la incertidumbre del camino,
de los pasos, y renegar de la certidumbre
de la muerte y vencerla de placer
y de tiempo, de lagrimas y risas,
de heridas que nos hacen sentir vivos,
de amor que nos hacen ser eternos.



IMAGINAR



Los colores son pura imaginación, también imaginamos árboles y noches, imaginamos tristezas para llorar la vida y así enaltecer nuestra visión del mundo, para querer hacer de nuestra majestuosa imaginación un universo verdadero en donde tu y yo danzamos la felicidad a pesar de lo irreal de los encuentros. Imaginamos el tiempo para extrañar historias, para reinventar el pasado y para soñar futuro, para que hoy sigamos imaginándolo todo, siendo nuestra imaginería el impulso motor que nos precipite el alma a una sonrisa, hacia la inmediata creencia, tan real como ficticia, de la necesidad de un abrazo, de un beso o una caricia. Imaginamos soles y planetas, imaginamos arquetipos, imaginamos símbolos, a las flores, a un dios y hasta nos aventuramos a imaginarnos a su hijo, imaginamos cosmogonías inefables y hasta podemos imaginar letras y lenguajes que nos dieron el arte y la poesía. Imaginamos la Kabalha y la alquimia, imaginamos religiones, imaginamos piedras que nos hablan e imaginamos la astrología para no sentirnos tan solos en este indescifrable cosmos de galaxias. Imaginamos que estamos en un viaje, para imaginarnos que somos dueños de la vida, imaginamos que tenemos un destino, imaginamos que podemos desafiarlo, imaginamos todo el juego y el olvido. Imaginamos lo sagrado, todo lo que vemos, pero en todo lo imaginado hay algo real: el sentido del amor, tal vez, que envuelve y cobra vida y hace que nuestro espíritu abrace como real lo majestuosamente imaginado, a todo esto que con la imaginación llamamos vida.




Arrebato

Hay que arrebatarle al tiempo su carácter infinito, y vivir el presente como si fuera eternidad.

Hay que arrebatarle a la materia su duro carácter de estructura y revelarla al danzante vacío movedizo de sus átomos.

Hay que arrebatarle a lo que está escrito su persistencia en el pasado y transformar la memoria en un secreto que guardaba para hoy nuevos abrazos.


DESAPARECER

Estoy sentado en el umbral
De pie en un puente interminable
Vuelo rasante sobre paisajes ausentes
Nado los ríos que me llevaran inevitablemente a la muerte o al mar
Soy la roca que detiene el ritmo
Soy la perseverancia del brote de una margarita
Desafío la gravedad de esta tierra que me pesa con un sueño
Cierro los ojos y toco la incesante costumbre de mirarme
El juicio es tan grande que los cielos no me abruman
Torpe y digno de ignorancia sucumbo al juicio y las cargas de este mundo
Y en el instante mismo en que lo abrazo, desaparezco con él


EN-DIOS-ARTE

No encuentro ni en la música, ni en la poesía, ni en el arte todo, algo de ellaS que no diga algo de mi, de nosotros. Mi dios es el arte que me conecta con la vida, la vida toda en su compleja paradoja de nacer para morir, pero el arte, como un dios, nos es eterno. Ser canal, instrumentos de dios o del arte, que trabajo maravilloso el de los artistas que dibujan el rostro de dios en un verso, que hacen del amor universal una mirada al oleo tras la figura de una musa, del susurro de la fuente primera, una música sublime, y esa música es el idioma universal; y en todas ellas estamos nosotros, los simples humanos, entregados a la contemplación de dios, de su terror y su belleza, que nos resuena en el pecho como una epifanía cuando el arte nos rosa con su mano de diosa complaciente.
Imagen: Liiga Smilshkalne