Debo reconocer que suelo huir de personas de
sensibilidad dudosa. De esas personas que tienen cara de persiana baja y
oxidada, por mas que me muestren sus modernas luces de neon, no puedo dejar de
ver el óxido rancio en sus esquinas y en sus bordes, que rechinan, que hacen
ruido. Reconozco que también me ahuyentan aquellos que son como un balcón
abierto al mar, quizá porque detrás de esos balcones puedo atisbar los oscuros
cuartos donde sepultan sus medias olorosas, sus manchas de humedad, las grietas
de paredes endebles y hay una soledad pesada. Debo aclarar que no huyo por
desdén, no podría ver ni óxidos ni grietas si estas no estuvieran en mi cuerpo,
solo que algunos patios me son mas placenteros. Me gusta mas hamacarme en
algunas oraciones verdaderas, donde tal vez no haya lujos ni luces, pero tienen
un vaivén de hierba fresca. Me gustan aquellos que son como esos silenciosos
árboles que solo murmuran con el viento, que tienen un tipo de voz como de
canción irrefutable. Me gusta sentarme en los bancos para apreciar a aquellos
que tienen esa postura de estatua, siempre nobles, haciendo frente a cualquier
tipo de tiempo: tiempos de lluvias o pasados, tiempos de nieves o de historias.
Me gustan aquellos que andan con esas risas como de vidriera de kiosquito, a la
vista de todos, lleno de sorpresas, de dulzuras, Me gustan aquellos que siempre son peatones,
que van esquivos y apurados, porque pareciera que siempre tienen un lugar donde
llegar, aunque también tienen tiempo de un saludo fugaz, como de ascensor o de
cometa. Hoy no se con que ánimos la luna moverá la marea, pero me pretensión es
simple, estar al servicio de aquellos que son como las palomas o los gorriones,
que revolotean sin preocupaciones, que pareciera que hay cosas que les falta y
tienen todo, que van caminando con el aire, que van con esas pequeñas alas de
vuelo corto, un vuelo sin grandes alturas, pero que me acercan a lo humilde, a
ese sabor a paisaje, a naturaleza simple de piedras o de plantas o de pasos
rutinarios con sabores de cafés o de mateadas en los patios.
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