El escudo de la noche es el misterio que la
habita,
y la estrella fugaz, como un pensamiento
inútil,
desaparecerá y será un deseo en otra parte.
Cuando los besos se acaben y las lluvias ya no
sean pasajeras,
cuando las aves vuelen sin sentido
o cuando el azul deje de ser cielo,
cuando la montaña hable en voz de trueno
o cuando mires al fin sin esos velos,
cuando sea que sea la tarde de amarillo
o cuando el sonido al fin devore el tiempo
y la materia, esta materia fatigosa
caiga al fin al peso de su aliento,
bajaran o subirán los hielos del infierno
para abrazar las brasas y los frutos de algún
cielo,
entonces descubriremos que la estrella fugaz
no es una estrella
y que sí era más que el pensamiento de un
deseo,
que la eternidad es solo un momento entre el
futuro y un recuerdo,
que nada tiene que ver ni con el tiempo ni el
espacio
ni el azul ni la tarde amarilla ni los ojos
del misterio
ni las lluvias ni las aves,
mucho menos con la idea de que habitamos algún
cuerpo.

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