Ella
merodeaba la mansión sabiendo de la fiesta que allí se llevaba a cabo, las personas
en los escalones de mármol de la entrada sonreían y hablaban, estaban alegres y
despreocupados, dispersados en grupos por
las salas, las habitaciones y los jardines, no había sirvientes ni
servidos, todo estaba disponible para todos y en un orden sin mezquindades las
gentes se disfrutaban unos de otros y de todo lo que estaba a disposición, no
solo en la comida, sino también en el arte que se desplegaba en la fina
arquitectura de cada rincón de la mansión, en las pinturas, en los cuadros, en
los diseños que se extendían en todas las habitaciones y sus jardines. En cada
rincón había frases conmovedoras, simples y sabias de los mas grandes
pensadores, científicos, maestros y artistas de todas las épocas. Todo era un
deleite de simplicidad y belleza. Los amantes de la cocina cocinaban, y de esa
alquimia sorprendente salían platos exquisitos que se compartía entre todos, y
los mas serviles se encargaban de proporcionar todas las comodidades, no como
una obligación, sino por el placer que estas personas sentían en el dar a los
demás.
Todo
transcurría en un bullicio alegre, donde todos parecían conocerse aunque tal
vez era la primera vez que se veían, y aunque muchos de ellos parecían
reencontrarse después de largas épocas, la emoción, la gratitud y los recuerdos
se fundían en un abrazo y en un compartir en donde se contaban sus historias,
aventuras y desventuras, y aunque algunas sonaran trágicas, al fin de cuentas
estaban otra vez en un mismo lugar, abrazados y compartiendo como antaño,
nuevos y renovados, y ese reconocimiento bastaba para retomar la risa y el
júbilo.
Ella
estaba extrañamente feliz observando desde afuera, aunque no parecía haber
división entre los jardines y los campos que lo rodeaban, Ella había decidido
no participar de la fiesta y de aquellos encuentros, le atemorizaba encontrar
gente que no conocía, nunca sabía reconocer las palabras para comenzar a tener
una conversación, y aunque en el fondo de sí deseaba tener la soltura de los
extrovertidos, en su timidez y silencio adivinaba las mascaras y las falsas
camaraderías, eso le causaba gracia y nunca lo juzgó, y además esas personas en
esta fiesta habían ya trascendido toda falsa sociabilidad, había una
naturalidad latente en cada una de ellas que le hacía tentador el ingreso a la
fiesta, sin embargo pensando en esas mascaras se dio cuenta que ellas eran todavía
como una carga inútil que no la hacía digna de ingresar, aunque las reconocía
también como una herramienta que día a día tenía que utilizar, eran tantas, y,
aunque algunas de estas mascaras la ennoblecían, era conciente de que otras
eran decrepitas y algún día tendría que despojarse de ellas.
Había
una glorieta cerca de la entrada en donde se ubicaban varias personas
intercambiando un dialogo ameno, todos parecían ignorar a la vieja sentada en
una banca de madera, era la única que tenía un vestido gris oscuro, que
desentonaba con los colores claros o suaves de todos lo que estaban en este
tipo de celebración. Ella pasó al lado de la glorieta y vio de reojo a la vieja
que la miraba con una sonrisa de sorna, enseguida se reconocieron y la risa
triunfante y sobradora de la señora no hizo mella en Ella. Enseguida desvió su
mirada hacia el interior de las salas buscando adivinar tras los ventanales el
gran amor que Ella sabía se encontraba allí dentro. Saberlo allí fue suficiente
para de alguna manera sentirse dichosa.
-¿No
quieres entrar? - le pregunte mientras andaba a su lado.
-
No - dijo con una sonrisa y una seguridad que me sorprendió.
-
Tengo la impresión de que te encantaría estar allí dentro - insistí.
-
No en realidad. Me gustaría estar con él, eso sí, pero está la vieja, aunque no
es ella quien no me deja entrar.
-
¿Entonces? ¿Qué te impide entrar? La fiesta parece fabulosa. – Ella de pronto
soltó una carcajada como si yo hubiera dicho una broma.
-
¡Nadie me impide entrar! Yo acá puedo hacer lo que quiera.
-
Sigo sin entender. – Dije sorprendido y ya algo impaciente. Ella siguió caminando
un poco pensativa aunque envuelta en una tranquilidad que no lograba
comprender. Miraba sus pasos y miraba hacia adentro de los jardines,
contemplaba la belleza que se desplegaba a todo nuestro alrededor como si fuera
la primera vez que veía esos paisajes majestuosos. Al rato al fin me contestó.
-
Hay cosas que puedo hacer, pero se que todavía no debo, por eso no quiero.
Quedé
en silencio tratando de adivinar lo que querían decir esas palabras. Tenían un
alo de seguridad y sabiduría, aunque también había un atisbo de miedo que
sospeche que no quería reconocer.
Seguimos
caminando en silencio rodeando la mansión que parecía no tener entradas ni
costados ni patios posteriores, en toda su circularidad había una majestuosidad
que entrara uno por donde entrara, daba la impresión de que todas las entradas
eran las principales, no porque fueran iguales, sino que cada una era diferente
de la otra, y eso la hacía aún mas maravillosa.
-
Te quedaste pensativa. –Le dije, esperando obtener alguna consideración sobre
su actitud y otra vez me respondió con una risa sincera.
-
Veo que no te preocupa ni un poquito entrar o no a la fiesta. – Insistí.
-
La verdad que no. Él sabe que estoy aquí, y eso me pone muy feliz, no se si la
palabra es felicidad, pero es como si supiera que todo esta perfecto así como
está, él allí dentro y yo todavía aquí afuera. Que él me sepa me colma de algo
que no puedo explicar, y como te darás cuenta, aunque no lo pueda ver, ni
tocar, ni estar tan cerca de él, nos sentimos el uno al otro.
-
¿Y la vieja? – le pregunté con algo de descaro, me parecía que era algo mas
intimo, profundo o misteriosa la presencia de la vieja que todos parecían
ignorar, y que sin embargo, como él, la vieja estaba allí por Ella, haciendo el
papel de guardiana de algo que no lograba dilucidar.
-
La vieja cree que está haciendo lo que debe hacer, y cree que lo está haciendo
bien, y es verdad, aunque no de la manera que ella cree.
Le
pedí que me explicara de que se trataba todo eso, y otra vez me contesto sonriendo.
-
La vieja esta expectante para impedir mi entrada, al verme creyó que de alguna
manera lo había logrado ya que de inmediato yo seguí de largo sin pretender
entrar. Igualmente no tenía la intención de entrar, unos minutos antes lo vi
detrás de los ventanales, el se percató de mi mirada y nos supimos, a pesar de
la distancia adiviné su sonrisa, su alegría, sabe que no quiero entrar aún.
-
Claro, y vos sabés que él te va a esperar. – Esta vez su risa fue una fuerte
carcajada como si yo hubiera dicho la cosa más ridícula del mundo.
-
¿Esperar? Solo se espera lo que se desea, lo que se necesita, entre él y yo no hay
esperas.
Eso
me dejo sorprendido y silencioso, quería preguntarle mas, quería saber como
hacía para tener esa seguridad respecto a él, pero esta vez me sentí mas que
intimidado. Con algo mas de seriedad comenzó a decirme.
-
No siempre fue así, claro, hubo tiempos de espera, de desdicha, de desolación,
soledad, dolor, desesperanza, hasta desesperación y muchas equivocaciones en
nuestras elecciones, pero nunca nos ganó el olvido, en realidad nunca gana el
olvido. – Después de unos minutos de silencio admitió. – Aunque podemos creer
que así es, y cuando lo creemos, el olvido parece ganar, pero nunca es para
siempre.
-
¿Entonces esto es como un recuerdo?
-
Esto es lo que es, tal cual como tu lo estas percibiendo y experimentando, que
sea un recuerdo, un sueño, la imaginación, la tuya, la mía, es lo mismo, eso no
importa.
Sumirme
a reflexiones tan metafísicas o filosóficas, no estaba en mi propósito,
realmente solo sentía algo de inquietud sobre tanta seguridad y después de
todo, estar allí era realmente un deleite. Yo también disfrutaba de los
majestuosos paisajes y me llamaba la atención, sobre todo, la inmaculada
blancura de la mansión, la luz de dentro de sus salas y en los jardines no
parecían venir de las delicadas arañas colgadas de sus techos, ni tampoco sus
perfectos faroles trabajados con ornamentos y abalorios parecían emitir una luz
determinada, la noche estaba como envuelta en una claridad indefinible, como si
desde la blanca luna un rayo específico y certero iluminara toda la escena.
En
nuestra caminata circular llegábamos otra vez frente a la glorieta, que se
elevaba desde el césped unos centímetros, había personas que conversaban y
reían y la vieja parecía aburrida sentada en la banqueta en su papel de
“centinela”, pareció despertar de su dormidera cuando vio que nos acercábamos y
no prestó atención a nada mas, otra vez su mirada se fijó en Ella y nuevamente
una sonrisa de sorna afloró, y a esa sorna se le sumó una seguridad de
autosatisfacción de tarea cumplida al notar que claramente Ella no iba a entrar
a la fiesta.
Detrás
de la glorieta apareció la figura de él, parecía como que jugaba a las
escondidas tratando de no ponerse a la vista de la dama de gris, Ella que
caminaba a mi lado se sobresaltó y por un segundo aquietó su marcha, se miraron
y una sonrisa plena de dicha iluminó su rostro, él la miraba con una serenidad
asombrosa, parecía haber tanto en esas miradas y Ella parecía leerlo todo,
porque todo estaba ahí, a pesar de que las circunstancias parecían establecer
una separación, había algo que los unía para siempre, o como si realmente no
hubiera otra cosa que esa unión.
Ella
siguió caminando con una enorme sonrisa llena de satisfacción, después de un
rato, con complicidad y bromeando le dije:
-
¡Lo tuviste cerquita, eh!.
-
¡Siiiiiiiiiiiiiiiii! – Me contestó como una adolescente que acabara de ver a su
ídolo. Me reí y sorprendido ante esa respuesta enseguida la hostigué.
-
¿No era que no había ni deseos, ni necesidades…?.
Ella
solo sonrió y seguimos caminando, no quería indagar mas porque estaba como
regocijándose en todo ese momento, seguramente como queriéndolo guardar, entonces
dejé que disfrutara, después de un rato me dijo sonriendo, con mas seguridad
que nunca, y como si fuera la cosa mas obvia del mundo.
-
¡Claro que no hay deseos ni necesidades! Lo que pasa es que ocurrió algo “muy
especial”. – y acentuó estas últimas palabras como queriendo decir que eso muy
especial, era algo que debía guardar como algo distintivo y siguió - La vieja
estaba tan preocupada por ponerse en guardiana y no dejarme entrar, que no se
dio cuenta que él estaba allí cerca, ¡ay! ¡y que estuvimos tan cerca! - Soltó
una risa feliz y como inevitable y siguió.
- En ese acercamiento, que realmente me
paralizó de alegría, supe que había un regalo especial, si bien nos podemos
sentir y sabernos a pesar de estar él en la fiesta y yo aquí afuera, todo esto
que siento es tan magnifico y maravilloso, tan único e inexplicable, no podría
ponerle siquiera mil palabras para que lo entiendas.
Se
quedó en silencio un rato y ya impaciente no pude mas que preguntar.
-
¿Qué regalo?
Sabía
que se iba a reír ante mi pregunta y así fue.
-
Estaba esperando que me preguntaras. Lo que pasó fue tan “vívido” que esto que
pasó no lo voy a olvidar nunca mientras duerma, o me distraiga, o me equivoque,
y hasta lo niegue, o yo misma me engañe, siempre tendré este momento que me
hará recordar que tal vez en mis mayores luchas, y hasta cuando tenga que
enfrentar cara a cara a la vieja, este recuerdo, de él y el mío, será mi arma y
mi escudo.
No
entendí muy bien lo que todo eso significaba, aunque parecía haber algo de
sabiduria en sus palabras, o al menos una seguridad nueva.
-
¿Y ahora que vamos a hacer?
Con
una sonrisa de niña inocente y feliz me dijo:
-
Ahora vamos a dormir y a seguir jugando un rato.
Ella
despertó y llevó esa luminosa sonrisa en su cara por varios días.

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