A veces tengo la certeza de que me he muerto mas de
una vez, de que esta vida esta compuesta de muchas vidas mías, de muchos
conflictos cerrados o por cerrar y muchos caminos o puertas que a punto de abrirlas,
decido mirar para otro lado, o elijo pegar la vuelta y empezar otra vez, y eso
es también como morirse. Nunca me hizo
falta estar a punto de morir o vivir un accidente o una situación límite entre
la vida y la muerte, para que toda mi vida pase a través de mi mente como una aburrida
película francesa, es mas, las veces que creí haber estado al borde de la
muerte o que realmente mi físico corría algún tipo de peligro, estaba
convencidísimo, a pesar del pánico, que todavía no era la hora, que tenia que
quedarme, como si recordara un viejo convenio hecho vaya a saber donde y el
contrato figurara en mi conciencia con la seguridad de que ese momento en que
parecía desfallecer, no podía ser; no era mi torpe y mísera voluntad de vivir,
no era mi ego maricón tratando de aferrarse a una bocanada de aire como aforrándose
a la eternidad, era algo mas. Algo superior, que no se que es, me daba la
tranquilidad en alguna parte de mi, que me decía que todavía me quedaba un rato
mas, y no solo un rato, sino un rato largo. Igualmente mas allá de la situación
limite, mis muertes, o lo que yo creo mis muertes en vida, transcurrieron en
momentos donde mi físico estaba perfectamente, eran momentos en donde me
atormentaba una paz enorme o me rendía a una libertad de infierno. Según
algunas religiones y algunas filosofías místicas, uno debe morir y nacer otra
vez en la misma vida, en el segundo nacimiento, supuestamente se logra algún
tipo de iluminación, no esta mal la idea y hasta mi sensación la reafirmaría,
pero esas ideas vienen de tantos siglos atrás y las cosas se han acelerado
tanto, que creo que ya no alcanza morir una vez, creo que si la vida va tan
rápido, la muerte debe andar a la par, ya no alcanza con morir solo una vez, ya
no alcanza con lograr pequeñas iluminaciones o certezas, ya no alcanza con un segundo
nacimiento, no hay tiempo para tan poca cosa, ahora se trata de algo mas, y tal
vez en ese querer descubrir ese algo mas, seguiré muriéndome una y otra vez a
pesar de que a mi alrededor todo parezca igual, la pieza de mi infancia, los
tablones en donde jugaba a los autitos de carreras, el patio donde jugaba a la
bolita, las rejas del frente de la casa que eran el arco de una cancha de fútbol,
la moto abollada de mil caídas, todos y
todo parece igual, y a la vez, cada uno de ellos cambia de color cuando tengo
esa sensación de muerte y de vuelta a la vida, todo me parece nuevo y distinto,
algunas cosas infinitamente bellas y otras tan anodinas que prefiero las atrape
el olvido, y es entonces que me doy cuenta que ese padecimiento emocional o
mental, es un parto, es un empuje a lo desconocido, es correrse del acogedor
líquido amniótico de una rutina gastada, es ir hacia una bocanada de aire nuevo
con un llanto o un grito lleno de temor en busca de sorpresas, de un ingenua
incertidumbre que se dirige hacia una maravillosa novedad, de “a ver que me
toca vivir ahora”, naciendo una vez mas, no se ya cuantas veces.

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