DISFRAZ


La tierra hoy podría disfrazarme de viento, de hoja, o del movimiento que provoca el baile de la brisa cuando posa sus manos en los pétalos errantes de las flores del jacarandá, desprendidas y libres de la primavera entregadas a un sol abrasador de un verano prematuro, dibujando de violetas y celestes las plazas y las calles, pintando los grises paisajes cotidianos. La tierra hoy podría disfrazarme de los pasos impulsados por la rutina de las cosas comunes, del trabajo, del que hacer, de las compras acompañado por la gracia de poder andar como en un baile, acompañando mis pasos por la melodía de las voces ajenas con sus graves y sus risas, con sus tonos altos y soberbios, o la cadencia de un recuerdo que hago historia y lo dibujo y lo recreo una y mil veces en mi mente y en mis pasos, lo lleno de diálogos, le sumo personajes, los suprimo, lo remato con un acto heroico, y me entrego a la historia negando la mentira y obligándome a que la verdad no reside en realidad en parte alguna, ni siquiera en los hechos. Y así me ando disfrazado de lo que la tierra diga, y destruyo de un acto toda verdad y hago de mis pasos una gran mentira, que no son nada mas que mis pequeñas verdades, como las de cualquiera, y es verdad sencillamente porque el disfraz es verdadero, porque es el habitante exclusivo de mi universo y no es tan o menos real que cualquier otro universo que se crea en las melodías de las voces que mi percepción apenas puede adivinar de otros pero que las imagina con su propio color. Porque hay aquellos que prefieren disfrazarse de otras cosas, se disfrazan de trajes y de reglas, se disfrazan de horario que cumplir o de charlas baladí, se disfrazan de amantes y cafés, de superiores y esclavos, de indignados y superados, de infelices mártires por la felicidad de otros, o de simple felicidad por la alegría que les dan las cosas simples. Pero porque ya he probado muchas de esas mascaras,  hoy elijo que la tierra me disfrace de otras cosas, de un pensamiento o de una idea, que me disfrace de magia o de caricia, que me disfrace de una dicha que trae un recuerdo y ser, aunque sea en el recuerdo de esa dicha, un protagonista verdadero.

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