Me deshice entre unas palabras de un poema que hablaba
de ausencias y de dioses,
De estatuas y de flores,
Me deshice entre unos versos que contaron historias
que hice mía,
me deshice también entre melodías que erizaron mi alma
hasta los pelos,
me deshice en imágenes incontables
que por incontables son las imágenes mas bellas,
las que guardan el secreto del arte
y que el artista plasma no por saber el secreto,
sino por el inefable afán de descubrirlo,
y gracias a ese afán me deshice otra vez
en la contemplación del movimiento de los astros,
de un brazo elevándose en el aire
como acariciando el universo y danzando
al compás de las bolsas olvidadas en las calles
jugando a la danza
en el escenario donde solo hay pasos que ignoran los sublimes
movimientos
y que no saben que cada ventana y cada puerta
es un telón que se abre y se cierra a la maravillosa
función de la vida,
me deshice en un libreto que creía mío
y que estaba signado mucho tiempo atrás o adelante,
o tal vez desde un lugar que no es lugar o que ni
siquiera es un tal vez,
me deshice entre deseos y temores,
entre creencias y mandatos,
y cada vez que me deshacía me centraba mas hacia mi
centro
y sin saberlo, deshaciéndome fui recreándome en la
maravillosa contemplación
de una vida que me atribuyó el regalo de percibir todo
para percibirme a mi mismo.
Deshaciéndome me hice, me hago este que soy, apenas
una nada, una mirada
una vista, un simple humano que está amando, en la
contemplación, la vida misma.

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