Había
amanecido con una sensación de contrastes y contrariedad, de apacible
incomodidad como de mirada al techo desde una cama tibia, como de incertidumbre
y sorpresa de lombriz descubierta bajo la baldosa húmeda, como una pequeñez de
útero ante un cosmos de fuerzas inconcebibles, un extraño temor aumentó como
una cucaracha descubierta en el azúcar de la yerbera, y lo apaciguó la pequeñez
del vapor que salía de la pava, se sintió cercano a si mismo por el sonido
lejano del silbato del tren que anunciaba su partida, la partida de miles de
gentes y sus destinos, se acomodó a la realidad circundante con algo de
resignación y placer, con una alegría ingenua como de perro ante la caricia de
una mano, convidado a vivir otro día, sin saber, sin querer saber, como las
mariposas que no saben que su vuelo es de apenas unas horas o unos días, pero
que vuelan, pero vuelan igual.

No hay comentarios:
Publicar un comentario