Una vez me trague una primavera, me la trague con
todos sus sabores y colores y hojas y todo, lo extraño es que de mi estomago
empezó a crecer con mas fuerza su impulso irrefrenable, mi sangre se hizo sabia
y mi piel parecía transformarse en un pétalo de caléndula y mis piernas fueron
troncos enraizados que me afirmaban mas y mas profundo en la tierra y aún asi,
me sentía mas libre que nunca, pude ver entonces con un estupor indescriptible
los olores de las flores que salían de las miradas florecidas de las gentes,
podía ver como por su nariz cada vez que respiraban, aspiraban el cielo con sol
y todo y expiraban el azul profundo de la noche y salían de sus bocas los
soles, las estrellas, y los planetas y sus lunas y galaxias enteras que se
perdían en las canciones de las aves que salían también de los oídos de las
personas aunque estas ni cuenta se daban de canciones. Y todo se hizo
primavera, como una diosa apoderándose del mundo a través de mí, y me sentí tan
pequeño y grandioso y las cosas crecían y todo se llenaba de perfumes hasta que
un sol abrasador vino a llenarme de tormentas y todo se calmó y aquietó por ese
fuego universal hasta que poco a poco me fui desgajando, en esa quietud el
impulso ya no estaba y me fui como durmiendo y en un descuido me agarró el
otoño para dejarme frío y desnudo, y después un inverno en blanco silencio, en
ventoso refugio. Hasta que me tragué una primavera…

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