ABRAZO CÍCLICO

Ligaré mis brazos a las más elevadas ramas del abeto,
alcanzaré las nubes que me susurraran la húmeda mañana
y cantaré el rocío que sobre los campos nutre en la madrugada
a los verdes y praderas contemplados por la blanca luna.
Bailaré la danza de los vientos, y en la danza
meceré la mirada hacia los tiempos. Pasados. Por venir,
y transformaré mis huellas en matas de hierbas florecidas.
Amarillos pétalos regalados a las aves, los insectos,
nutriente simple de las bestias y otra vez seré semilla,
abono, ciclo de la vida y escucharé sorprendido
lo que el ave canta en la punta del abeto.
Tal vez me reconozca en sus alas. Y la luna,
ese testigo silencioso, sonreirá cómplice con las estrellas
y un sol celeste, y unos campos de nubes me serán rocíos
en los que me refrescaré naturalmente,
como quien quiere ligar sus brazos a las ramas, a su amante
y alcanzar las nubes en el cielo intimo de su ser
y encontrar el azul profundo transformado en arco iris.


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