Nacer la
noche en el pecho y que se haga sueño itinerante, un corazón de luna y sangre
de estrellas, un camino de cometas con plumas del paraíso, y un suspiro de
asteroides del que nacen los cupidos. Morir después en la irrupción de la propia
libertad y explotar para ser constelación y señalar algún camino con el poder
en mis pasos siguiendo las huellas de un amor universal perdido en la
conciencia de los dioses.

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