Llevar
la lluvia cargada en los hombros,
pintar
el viento con las pupilas de la mente,
erizarnos
el corazón cada vez que un azul nos envuelve,
y
salirnos apasionadamente en carmesí.
Saborear
la primavera cenando con la luna,
ser
una rosa por un día en el jardín de una viuda,
esconder
una joya de oro para que se haga semilla de narcisos
y
dar forma de labios a las nubes para los que se olvidaron de besar.
Esgrimir
sublimes monumentos con los suspiros de los eternos soñadores,
sentir
la caricia de las músicas que nos estremecen los silencios
hacer
posible una utopía aunque la sueñe un solo hombre,
y
morir de vez en cuando de un rojo amanecer.
Resucitar
en el sueño de una noche apasionada
Fabricarnos
las alas de mercurio en nuestros pies
Mirarnos
otra vez como antaño con el alma

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