Podrías empezar por
abrazar tu magia, esa que solo habita en ti, única e irrepetible. Podrías
empezar a aceptar que esa magia no puede cambiar tu vida drásticamente ni
manifestar tus sueños en un pestañeo. Pero sí podrías comenzar a aceptar que
aquello que consideraste una casualidad fue una manifestación suprema de un
deseo, tu deseo.
Que aquello que recibes
como bendiciones son los polvos mágicos de tus más elevados pensamientos echados
al universo, y éste con su mas humilde amor puso a las hadas, los guías, los
duendes y a los ángeles a bailar tu canción favorita dibujando la sutil y
sincrónica alegría de un regalo que no creíste merecer, pero que tu mismo te
has dado.
Empieza a reconocer la
magia y ver todo lo que con ella hasta hoy te has regalado. Una varita que se
sacude sobre ti dibujando las estrellas para que al fin te sientas coronado. Ser
el rey, la reina de tu mundo, de todo aquello que ves que no es tuyo y eres tú,
y ser en todo eso soberano.
Abraza la magia de un
corazon que se transforma cuando lo que ves, así sea lo mismo que siempre has
visto, empiece a tener el brillo de tu compasión, el color de tu empatía, los ornamentos y abalorios de un espejo
reflejando aquello que solo tu puedes ver porque solo tu te puedes reencontrar
en ese brillo.
Reflejo de tu ser. Ser
supremo que con la chispa divina de un amor indefinido ha esperado tus pasos, éstos
pasos. Que te ha mostrado la magia irrefutable de todo lo que ante ti, con
amor, dolor, alegría, sorpresa y gracia, se ha manifestado.
Podrías comenzar a
despertar y ser conciente de esa magia al fin para que en ti y desde ti, empieces
a crear, desde un corazón anhelante de expansión o lo que algunos llaman arte,
lo que nunca se ha creado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario