Tengo una savia,
torrente de río,
de intensidad y de miedo,
de fuego escondido,
de pasos quedados.
Tengo la noche
que me aguarda en los sueños,
tengo una historia
que olvido y recuerdo,
tengo un pasado,
que no quiere soltarse,
tengo un futuro,
que espera aquel rayo.
Aquel primer rayo
que me dio conciencia,
que me dio un espejo,
que me dio la materia
y hoy este cuerpo,
Tengo una savia
que quiere expandirse,
que bien sometida
a la inteligencia del cuerpo
me sostiene y me habita,
me construye y
destruye
con tanta sabiduría
que apenas intuyo.
Tengo unos ojos
guardados adentro,
una memoria difusa
y una certeza de fe.
Una fe de ojos ciego
que juega y se burla
de mis pensamientos,
de todos mis pasos,
de mis decisiones,
de torpes encuentros,
de abrazos tan tímidos,
de puros sentimientos,
de silencios que dicen
mas que mil palabras
en un idioma sin letras
que se leen con el alma.
Tengo este corazon
entregado al misterio
brindado a este cosmos
embelezado al silencio,
embelezado a la entrega
que veo en los otros,
que comparto y me nutro,
que robo y sustenta,
que me hace pequeño,
que me hace de espejo,
que me hace a la savia
estallar de contento.
Tengo esta savia,
torrente de río,
de mirra, de inciensos,
de estrellas, caminos,
de vidas lejanas
que ahora no recuerdo,
pero que en la sospecha
nos hace misterio,
nos hace hermanos,
nos hace maestros,
nos hace distintos,
amantes de la vida,
entregados a la risa
y al sabio silencio,
para escuchar la canción
que es la voz del adentro,
que como la savia,
de inteligencia divina,
me nutre de formas
que ni siquiera sospecho,
y en esa incertidumbre
me entrego a la vida,
con resabios de miedo
pero amor verdadero
que mueve mis pasos,
para hacer simplemente,
una agraciada sonrisa
a todo el universo.
Tengo una savia,
torrente de río,
que fluye y comparto,
y como las estrellas
nos hace brillantes
nos hace distintos.

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