TEJIDO

¿Que conjuro tienen las palabras 
que me envuelven, 
me atraen, 
me transportan, 
me dejan mojado de preguntas 
y me seca de silencios? 
¿Que música hay detrás de cada pausa, 
que silencio manifiesto 
guarda el universo para decir sin  nombrar, 
sin escribir, 
sin manifestar a simple vista 
lo que ese espacio infinito guarda 
y atesora tal vez como a un secreto? 
¿Que hay en ese espacio 
en donde no se dice nada 
y el tono se adivina, 
se sospecha, 
se intuye, 
se hace saber, 
se escabulle 
y que a si mismo 
se niega? 
¿Que hay en ese surco 
blanco de la hoja 
en la poesía 
que el artista dibuja 
verso en verso? 
Acaso allí estén guardados 
los más grandes sonetos, 
las metáforas más locas, 
la sublime revelación 
de un dios 
que habitó una vez 
un pensamiento. 
Acaso se encuentre allí 
lo más temible de un infierno, 
las verdades innombrables, 
las mentiras develadas 
e ignoradas 
por creer que estaba bien 
seguir siendo 
lo que decía un mandamiento. 
Es ese surco silencioso 
que se teje entre las silabas, 
cadencias, 
las comas 
y unas letras 
que me tienen tan difuso, 
como esperando 
siempre una revelación 
que nunca llega, 
como una espada de Damocles 
que amenaza desde la crin 
lo que se esconde 
y no se manifiesta. 
Acaso ese tejido 
entre palabras 
y el silencio 
sea la única revelación  
que espera el hombre, 
en vano, 
y quede maravillado 
algún día 
por la sublime tela 
como de una marabunta 
gigantesca que dibuja y teje 
en ese espacio gigantesco. 
Entre versos, 
entre las luces y las sombras, 
entre voces y silencios, 
la música, la pausa, 
la nota, 
un sonido que formaron unas letras, 
y allí estará, 
lo insondable, 
y lo simple, 
tejida el alma de un hombre 
o un poeta.



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