La primera vez te vi.
La segunda vez me había olvidado que te había visto así
que fue como si fuera la primera vez pero por dos.
La tercera vez no te entendí.
La cuarta vez intente adivinarte, y como no pude te
imaginé.
La quinta vez te me mostraste y más que conocerte me
llene de incertidumbre
La sexta vez seguí sin entender, pero no me importaba.
La séptima vez sí me importaba, pero seguía sin
entender.
La octava vez al fin mi adivinación se acercó un poco
a tu imaginería.
La novena vez nuestra imaginería y nuestro interés
fueron excusas para sernos.
La décima fue perfecta, y como el diez es perfección
de allí no hubo más nada y ya no hubo más veces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario