Que el hermoso corazón que guardas no se
esconda. Que el diamante de tus ojos caiga, sin vergüenza, reflejando todos los
colores que solo los diamantes guardan. Que tu mirada no se atrape en oscuros
vendajes de desesperanza, que no queden ciegos de los brillos que ellos mismos
reflejan puros de tu alma. No te guardes
el silencio, ni palabras, ni la flor, ni el perfume dulce que tus sentidos te
regalan. Acaso ¿Qué sería de un corazón, de tu diamante, de los colores y todo
aquello que guarda tu mirada, si no gritaras, certero al universo, que todo
aquello que percibes (y ajeno de ti mismo lo habías creído separado) no hubiera
florecido del lugar mas brillante que el amor haya creado? No es otra cosa que
un reflejo de tu precioso corazón y tu mirada, corazón de todas las cosas con
pura y prístina mirada. Reflejados colores del espíritu que en tu grandeza
decidiste desde aquel infinito amor y olvido, que brotaran de tu alma.

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