Orifas, el viajero de los
omniversos creía conocer todos los colores, todos los sonidos, todas las formas
y texturas, todos los perfumes y todos los paisajes, todo pensamiento y todo
sueño. Creía conocer la más extrema oscuridad y la más radiante luz, aunque le
gustaba mas pasearse en los grises de sus propios viajes y sus propias
creaciones. Creía conocer todas las emociones y todo sentimiento, creía haber
viajado por cada uno de ellos. Sin embargo un asalto de quietud lo sorprendió
un una brumosa dimensión de grises, una quietud de no sensaciones. El Que Todo
Lo Sabe se acerco a él, sabiendo de ese momento de quietud que Orifas estaba
experimentando, y le propuso un desafío, “en alguna parte de esta eternidad,
existe la Canción Azul, quiero que la encuentres, ella tiene en su interior un
perfume casi tan dulce como el del jazmín, y te estoy dando una pista, ya que
sé que no sabes lo que es un jazmín, será otra cosa que deberás encontrar que
te llevará a la canción, ella también tiene muchas formas, cada una de ellas
también es perfecta y su textura es tan suave y delicada, como las alas de una
mariposa, y eso es algo que también deberías buscar, si acaso quieres encontrar
la Canción Azul”. Orifas, el viajero, que con solo pensar en un lugar se
encontraba en él, se puso a escudriñar al instante todo el universo material,
ya que supo al instante que solo dicha conjunción de belleza se podría
encontrar en este peculiar universos de las formas y aceptó con alegría el
desafío.
A pesar de la increíble
velocidad de su viaje, el universo era realmente de una bastedad que lo
sorprendió, le sorprendió el silencio de las lunas, le sorprendió los infinitos
azules del espacio, pero esos azules, si bien estaban acompañados por algunas
melodías lejanas, ninguna tenia la textura de la seda. Se sorprendió ante las
maravillosas melodías de los cometas, los satélites, el canto de la vía láctea,
el canto de las estrellas mas enormes y hermosas, algunas morían con un canto
dulce para volver a nacer al instante a distancias exuberantes con el mismo
canto, pero mas dulces aun, y llenas de nuevos colores, y si bien su canto era
sublime, ninguna tenía el perfume dulce como el de los jazmines, ni siquiera
sabía todavía que era un jazmín. Fue descubriendo la textura de las lunas mas
distantes y los planetas mas lejanos, en donde se podía pasear entre nubes como
de algodón, pero su canto no era azul, a pesar de encontrar colores que siempre
lo maravillaron, en cada uno de ellos se percibía una canción, algunas se
acercaban al azul, pero no podía encontrar su perfume, ni saborear la textura
suave de las alas de una mariposa. Las canciones amarillas y naranjas pululaban
en el espacio, entre coros de cometas y polvos suaves que viajaban como ríos
que se escudriñaban por agujeros de oscuridad jugando con las luces de miles de
colores y donde las galaxias enteras se escapaban a visitar otros universos.
Visitó planetas habitados
por seres de infinitas formas, colores y dimensiones, planetas en donde la vida
fluía en un acto recreativo constante e infinito. Tanto viajo y se sumergió en
su desafío, que por primera vez, experimentó algo que nunca había
experimentado, sintió un cierto cansancio, y lo atribuyo a las densas energías
de la materia que por todos lados pululaban en un recorrido incalculable. Se
asentó en los anillos gigantes de un enorme planeta, se olvido por un instante
de su búsqueda y se sumió en un estado de inconciencia que nunca había
experimentado, entonces empezó a vislumbrar un azul suave, un verde-azul, un
azul turquesa que se perdía y se mezclaba en el horizonte con otra azul
celeste, en un arriba y abajo que se mezclaba y se separaba al mismo tiempo, en
el azul celeste brillaban luces blancas que se movían y cantaban y subían entre
un azul y otro, y se desplegaban y contraían, y se mezclaba su canto con el
canto azul. Del verde-azul se desprendían pintitas blancas para desaparecer y
aparecer en un movimiento rítmico perfecto, y susurraba una canción potente y
poderosa, constante y armoniosa, y se perdía en la arena amarilla. De pronto
sintió que estaba entre verdes formas hermosas que brillaban aun mas por el
resplandor de una estrella amarilla y tan cercana, y de ese verde también
nacían pequeños pétalos blancos con la textura de una mariposa, y con un
perfume exuberante de dulzura que se mezclaba con el perfume de la sal, de la
arena y se hacia canto entre olas, graznidos y susurros aireados de la arena y
el mar.
La belleza lo sacudió de
tal manera que de pronto su conciencia lo trajo otra vez al basto espacio del
universo, entre los anillos de un enorme planeta, entendió que había soñado
algo que jamás había soñado, había soñado con la Canción Azul, era tan hermosa,
tan cautivado estaba que pensó con todas sus fuerzas en cada detalle del sueño,
y si bien el podía crear cualquier espacio con su pensamiento, no había tal
poder en el de crear tan perfecto espacio y color, tan perfecta conjunción de
sublime belleza. Tan perfecta conjunción de sentires.
El Que Todo Lo Sabe, se
acercó a él, en su presencia fue esta vez Orifas el que habló “He encontrado tu
Canción Azul, solo habita en los sueños, es imposible que exista en algún lugar
de este Universo”.
“Te equivocas, querido
viajero, todo sueño habita en algún lugar del Omniverso, sin embargo, estas tan
cerca de hallarla, que has soñado con ella, la Canción Azul, es una de las
creaciones mas hermosa que se halla en todo este inacabable espacio, porque
esta creada con la esencia de mi Espíritu y de mi Amor”. Orifas, entusiasmado
entonces suplico por primera vez en su existencia,
“Por favor, llévame a la
Canción Azul”.
“Sé que tu deseo es
verdadero, pero hay ciertas condiciones que tendrás que cumplir antes de
habitar en ella”.
“Cualquier condición sería aceptada con alegría, si
acaso me das el regalo de esa dicha”
Gabriel se despertó ante el
sonido del despertador, tuvo una sensación agradable del sueño que acababa de
tener, por unos segundos sintió una felicidad completa, y sabía que había
soñado con un viaje entre estrellas y planetas,
había soñado con hermosas playas y jardines, con jazmines y mariposas, y
aves cantando en vuelos sobre el mar, la sensación le duró unos minutos, sin
embargo se levantó velozmente y la ansiedad comenzó a ocupar su mente porque
ese día tenia que dar su examen final después de su ansiado entrenamiento de
vuelo en una compañía de aviación. No era fácil, sin embargo el esfuerzo valía
la pena si acaso quería trabajar en lo que lo apasionaba y algún día completar
su deseo de comprar esa hermosa cabaña a orillas del océano. Antes del desayuno
ya había olvidado el sueño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario